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El laberinto de la Concepción

A menudo uno es presa de fantasmas, algunos tienen la sonrisa tan bonita que es imposible no contestarles de la misma forma. Pero hay de fantasmas a fantasmas, los hay oscuros y agrios, con caras desconocidas porque uno nunca termina de conocerlos bien, hay también esos fantasmas pequeños, con manos blancas, pálidas, frágiles que uno termina ofreciéndoles agua y pan, porque de entrada ya se sabe que tienen mucha hambre y entonces uno los alimenta porque no los quiere ver morir. Existe también el fantasma mas vivo de todos, hasta mas vivo que uno mismo, y ese si que tiene fuerzas para jugar, se le ve siempre de un lado a otro de la casa, jugando a las escondidillas, ésto durante el día  mientras uno se ocupa de sus quehaceres diarios, pero en la noche, tiene el hábito de aparecerse de repente a ladito de la cama, cuando uno esta a unos minutos de dormir, pensando en cosas, éste horario coincide generalmente con el silencio y el frío, éste fantasma lo sabe y se vuelve un poco cálido, se acurruca a ladito de uno y a veces talla la cabeza y habla quedito al oído.

Fantasmas

Los cronopios

de Julio Cortázar

¿Què es un cronopio?
Es una pregunta que he escuchado muchas veces, pero los cronopios no gozan de estar en diccionarios para que la gente los busque y se quite las dudas, es difícil dar una definición, pues me da la impresión que al tratar de definirlo, lo reduciría, mostraría a un cronopio parcialmente, y me rehúso, no me siento con el derecho de hacerlo. No voy a responder la pregunta exactamente, pero he aquí un esfuerzo por dar una idea, un cronopio es quizás ese lado sensible del ser humano, un cronopio siente, en toda la extensión de la palabra. Siente la lluvia, las gotas, el sonido de las gotas, siente la noche, el frío, siente, tal vez como el niño que descubre un mundo en la naturaleza, otro quizás, dentro del mismo.

 

Son melancólicos, en palabras de Cortázar los cronopios son “esos objetos verdes y húmedos”. La palabra <<húmedo>>asociada al agua, a la lluvia, a la melancolía.

 

Los cronopios están llenos de recuerdos, recuerdos a los que aman y con los que conviven,  “esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: <<No vayas a lastimarte>>, y también: <<Cuidado con los escalones>> ”tratan a los recuerdos como si fueran niños, les tienen mucho cariño, les hablan bonito, buscan protegerlos como para que vivan mas.

 

Los cronopios no se desaniman fácilmente, “cuando los cronopios van de viaje encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos” - Creo que una persona común, de encontrarse en una situación similar, se desanimaría y se pondría de mal humor creyendo que le ha ido muy mal – pero el cronopio justifica su circunstancia, creyendo que son cosas que a todos les pasa y esta creencia le permite disfrutar del viaje y expresar La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad.

 

Con los cronopios respecto al tiempo, pasan dos cosas, primera, se burlan de que la gente trate de sentir que tiene control sobre él, midiéndolo  y segundo se agobian por que los demás lo toman demasiado enserio, esto es “La tristeza del cronopio”. Los cronopios se ríen del tiempo, así lo hace ver Cortázar en el cuento “relojes” donde el cronopio hace su reloj de alcachofa y le va arrancando las hojas pues según el, cada hoja le da una hora, cuando sólo le queda el corazón de la planta, el tiempo no puede ya medirse así que se la come con aceite, vinagre y sal. El cronopio no se toma demasiado en serio el tiempo, es mas, creo que para él es absurdo medirlo y hasta cierto punto le agobia que los demás siempre anden con el tiempo medido, de aquí para allá, siempre corriendo, siempre tarde, él medita “es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas, para los famas es cinco minutos mas tarde, llegarán a su casa mas tarde, se acostarán mas tarde yo tengo  un reloj con menos vida, con menos casa y con menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo”. Encontramos de nuevo la palabra húmedo, de agua, de lágrimas y tristeza quizás, porque se siente diferente.

 

Pero a pesar de ello, los cronopios no se preocupan por ser como los demás y seguir un estereotipo, están muy ocupados en disfrutar de su circunstancia, tienen la capacidad de transformar su alrededor a partir de una mirada diferente, como una especie de rebeldía, pero una rebeldía no hacia alguien en particular, si no hacia “las reglas de comportamiento” me refiero quizás más a “las ideas ya establecidas por la sociedad” a eso que todos aceptan menos los cronopios y esa rebeldía es desde mi punto de vista, sublime.

 

Pareciera que no se toman en serio la vida, pero también pareciera que se la toman tan enserio que no quieren dejar de disfrutar ni un minuto de su existencia, viven sin preocupaciones, a veces siento que los cronopios son como niños en cuerpos de adultos, porque evidentemente cumplen funciones propias de los adultos, como salir de viaje, pero sus actitudes no son las de un adulto. El cuento Los exploradores refuerza lo que digo, los cronopios están en una expedición dentro de una caverna buscando una fuente subterránea de un manantial, un cronopio desciende llevando a la espalada un paquete de sándwiches de quesos (sus preferidos), pero al llegar abajo está muy enojado porque los sándwiches no son de queso, sino de jamón, y hasta llora el cronopio porque por más que busca no hay ni un solo sándwich de queso. Adopta una actitud infantil. Su  preocupación es su sándwich de queso, la fuente subterránea de manantial que se vaya al carajo.

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